La fe unida al folklore
Las danzas: orgullo mestizo de Tamaulipas
10 de enero, 2013 [10:03]
Jorge Zamora
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La danza está considerada como una de las principales y más básicas manifestaciones del espíritu artístico y cultural de los pueblos. En alguno casos, más que entretenimiento, para ellos forma parte de un ritual místico, lleno de significado y simbolismo.

Desde antes de la llegada de los españoles, una gran variedad de danzas formaba parte de los ritos de los pueblos que habitaban en nuestro país.

En muchas ocasiones, los religiosos que evangelizaron estas tierras trataron de extirparlas, por considerarlas paganas, pero en vista de la gran dificultad que esto representaba, por su gran arraigo entre las población indígena, prefirieron “adaptarlas”, “cristianizarlas” y darles nuevos significados que ayudaron su labor de evangelización.

Y Tamaulipas no es la excepción en esta fusión cultural.

A lo largo y ancho del estado se pueden hallar diferentes manifestaciones de la danza que se amalgamaron con el culto religioso de la iglesia católica.

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con los cuadros de danzantes que se presentan en fechas como el 12 de diciembre, día en que se celebra el aniversario de la aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego o en diferentes festejos patronales de cada municipio. Conocidos en el lenguaje popular como “Matachines” o simplemente “Danzantes”. El inconfundible sonido de los tambores nos remite a esa estampa propia de la cultura mexicana.

Sin embargo los diferentes coloridos y variantes de este fenómeno en Tamaulipas es muy amplio.

Danzas de a pie y de a caballo 

Estas son un ejemplo muy colorido, que si bien se pueden hallar expresiones en la mayor parte del estado, es en los municipios del cuarto distrito donde se encuentran muy arraigadas ya que son recurrentes en muchas festividades del calendario de celebraciones católicas.

En las danzas de a pie, un numero que puede variar entre 12 y 25 personas participan, portando una corona, participa el Monarca, la Malinche (única mujer que participa), viste de blanco y que generalmente es una niña. Hay dos capitanes y el resto son simples danzantes y el viejo del grupo.

La danza de caballitos está compuesta de un grupo personas cuyo número puede variar también entre 12 y 24 participantes, todos varones. Hay música de violín y guitarra y un viejo de la danza, que es el que lleva el disfraz de mula y se pone careta de viejo. El que se disfraza de toro, con cabeza de este animal, viste de negro a diferencia de los otros danzantes, que visten de blanco.

La indumentaria y adornos que ese día han de portar, hacen derroche de encajes, paliacates, espejos, plumas, cuentas y demás.

La interpretación se realiza apareciendo primero los danzantes de a pie, ataviados con pantalón de uso común de color obscuro, camisa blanca, un paliacate rojo que colocan en la cintura a manera de delantal, en la mano llevan sonaja y sobre la cabeza, una corona adornada con flores y espejos.

El viejo de la danza, mientras, se encarga de divertir a los niños con su máscara, su chicote y su inseparable muñeca.

Enseguida hacen su entrada los caballitos, la mula y el torito, llevando sus respectivos capitanes que marcan las “pisadas”, las vueltas, el trote y el tiempo para cruzar.

El momento más interesante de la danza, es cuando todos los danzantes “se toman de la mano unidos por un machete, y dando vueltas simulan un corral”, encerrando al torito que ataca a los caballitos tratando de salir.

El vestuario de los caballitos es uno de los atractivos de este rito.

Su fabricación se puede describir de la siguiente forma: se hace una armazón de carrizo que luego cubren con una tela para simular la cabalgura, la adornan con espejos, bandas de papel crepé o de papel de china, fundas de cojines bordados, servilletas bordadas con orilla de gancho, cuelgan guajes y escobetillas de ixtle. Lo más atractivo de la indumentaria es la cabeza del caballito que es tallada en madera de madroño, o de preferencia en “quiote”, la que posteriormente pintan al gusto del danzante, portan una reata que utilizan para lazar al viejo cuando se acerca con la intención de “robarles” la carga que llevan atrás. El caballito es confeccionado por una “madrina” o “padrino” que buscan antes de la fecha que se interpretará y que solventará todos los gastos relativos a la indumentaria.

La música está compuesta por varios sones que son interpretados por violin y tambora, o violin y guitarra.

LA PICOTA

En la zona serrana de, municipio de San Carlos, se conserva la tradicional Danza de la picota, acompañada música ejecutada al son de la tambora y el clarinete.

Los orígenes de este baile vienen de las antiguas danzas que se hacían para que la tierra tuviera fertilidad. Se baila con los pies descalzos y con hermosos trajes de manta bordado con flores, mientras la tambora y el clarinete que por cierto son los únicos instrumentos que se utilizan tocan la bella melodía.

Se cuenta que en la Villa de San Carlos, donde los antiguos indígenas se escondían de los españoles que los querían esclavizar fue donde se dio la primera danza de “La Picota”

El significado de Picota es Columna, aunque también mucha gente dice que en realidad la tradición literal es “Palo Alto” y antiguamente en él se exponía a todo aquel que quebrantara la ley, con el tiempo se fue haciendo una gran celebración con música muy alegre.

Las mujeres danzantes de San Carlos acostumbran ataviarse con un vestido de sencillez característica, prueba indudable de su origen indígena. Para anunciar la fiesta, los músicos suben temprano a tocar al cerro; el penetrante sonido de los dos instrumentos anuncia al pueblo y a los ranchos que la fiesta va a principiar.

Al son de las típicas melodías de ritmo muy rápido, el pequeño conjunto que toca con fuerza y entusiasmo, da alegría a la fiesta. Toman parte de los bailes, hombres, mujeres y niños. En actitud solemne inicia la danza, a base de pequeños saltos e inclinaciones, haciendo un marcado remate cada cuatro compases. Con hermosos movimientos realizan evoluciones para formar significativamente figuras por su autóctona ejecución.

En el aspecto musical, la tambora y el clarinete se acoplan a la manifestación popular de la gente de la sierra que así difundió un modo muy gustado de interpretar las melodías. La picota en Tamaulipas es una expresión popular que debe conservarse genuina y sin conservaciones.

Las Marotas: Danza tradicional de Antiguo Morelos. 

En este municipio tamaulipeco encontramos una singular danza, con un desenvolvimiento casi teatral.

Jacobo Castillo, uno de los principales promotores de los valores culturales de este municipio, músico regional y capitán de uno de los cuadros maroteros, explica que esta danza ha existido en Antiguo Morelos desde que la gente tiene memoria.

Aquí esta tradición de Semana Santa es más antigua que el viacrucis actuado.

“Las Marotas se derivaron a raíz de las pastorelas de diciembre, aunque es tan antigua la tradición que no se puede saber. Consiste en representar la presencia de los demonios, en las épocas en que Jesús sufre la pasión y muerte; entonces por eso los que danzan, hombres todos, se visten unos de diablos y otros de ‘marotas’; que son las diablas. La función de ellos es dejar patente que el mal anda suelto en esos momentos, por eso bailan y hacen travesuras durante los días santos” explica.

En esta tradición, el capitán es el encargado de juntar al cuadro de la danza y organizar a los participantes o desde días antes, convoca a reuniones para revisar a las personas con las que cuenta para montar el cuadro y los recursos para que se lleve a cabo la danza: trajes, máscaras, cohetes, etc. También es el que pide al municipio el permiso para que salga la comparsa.

El capitán, escoge un lugar donde los participantes puedan probarse y ponerse el vestuario.

Generalmente se compone de 13 danzantes; seis parejas, más el diablo mayor, “porque fueron trece los que se sentaron cuando traicionaron a Jesucristo” cuenta Jacobo. Las mañanas y las tardes de los días santos salen a bailar a las calles de la comunidad

Marvin Huerta, otro habitante de este municipio que ha colaborado en la difusión de la cultura local describe con lujo de detalles en su sitio web la manera en que se desarrolla esta alegre danza/comparsa:

“Al pasar por las casas la gente les va pidiendo que bailen y les da una cooperación por cada pieza que ejecutan, así divierten a la gente. Simbólicamente, ellos bailan por los demás, porque la gente está de duelo y no puede divertirse si no es por medio de ellos que representan al demonio en persona. Precisamente las marotas tientan a los hombres a pecar, invitándolos a que bailen con ellas, pero es entonces que llegan los diablos a defenderlas, por medio de los chirriones que usan para azotarlos. El chasquido de los chirriones anuncia la cercanía de los cuadros, junto con los gritos que vienen dando, aunque fingiendo la voz para no ser reconocidos.

Las marotas usan ropa de mujer, mientras que los diablos usan pantalones largos llenos de girones de tela cosidos. Las máscaras de los diablos son hechas de cuero crudo, mientras que las de las marotas de cartón, elaboradas por los mismos danzantes.

El sábado de gloria es cuando se hace la boda de las marotas, que es la ceremonia culminante de toda la Semana Santa. Terminando la misa de la noche, después de que se abre la gloria, es necesario regresar a los demonios al infierno, porque ya Cristo ha resucitado y no tienen permiso de seguir en la tierra. Por eso el diablo mayor escoge a una de las marotas para casarse con ella; ellos se visten de novios, con vestido blanco y traje o camisa blanca. Después de abierta la gloria se empiezan a tronar los cohetes para indicar que va a empezar la boda. Los diablos dan una vuelta por el pueblo, desfilando porque ya se va a realizar la boda. En la plaza del pueblo o en la galera, cuando son comunidades, hacen el baile de la boda. La ceremonia es igual a una boda normal pero al revés; primero hacen el baile, después tiran el ramo, bailan la víbora de la mar, el vals, y en último lugar hacen la ceremonia donde los casa el juez. Pero en eso llega la esposa del diablo mayor, embarazada y con muchos diablitos, e impide la ceremonia. En castigo los demonios deben de regresar al infierno. Culminando con la quema del diablo en forma de judas.”

Hay que agregar que no existe una música especial, si no que se adapta música de baile para que se acomode al trio; incluso ahora es más común la música grabada, aunque por ejemplo el cuadro de Jacobo Castillo, que toca en vivo, ha hecho un esfuerzo para que se vuelva a hacer al estilo de antes; arreglando la música nueva y a la vez, sacando los sones viejos. Una precisión muy importante, es que además de los tres cuadros de la cabecera, existen marotas en las comunidades de: México Libre, El Sauz y Fortines.

Con nombres y ciertos detalles diferentes, existen cuadros de diablos en otras comunidades. Son famosas “la judea” de Quintero, municipio de El Mante, y “los diableros” de San Antonio Rayón en el municipio de González, Tamaulipas.

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