Opinión

Opinión incómoda

Confieso que no soy hombre de efemérides ni de fechas en rojo, no celebro cumpleaños ni rituales del calendario, así crecí y así me quedé, por eso el domingo cuatro de enero, Día del Periodista, fue para mí un día más, aunque respeto la emoción sincera que vi en muchos compañeros.

El periodismo es un oficio incómodo, siempre lo ha sido, genera recelos, provoca condenas y suele cargarse con los peores epítetos, no hay periodistas perfectos ni deberían existir, pero sí hay buenos periodistas, los que investigan, dudan y saben contar historias que atrapan desde el inicio.

Por razones cronológicas me tocó leer a grandes plumas, algunos han sido o son mis compañeros, pero de todos los que he conocido me quedo con quienes nunca renunciaron a ser reporteros, los que caminaron la calle, vivieron la historia en tiempo real y entendieron que el periodismo se ejerce con presencia y memoria.

Me ha tocado vivir distintas etapas del oficio y de la vida, he procurado mantener distancia de las redes de intereses, aunque en este medio resulta imposible no convivir con todo tipo de personajes, el periodismo no se hace en aislamiento ni en condiciones ideales. No hay, no existen los castillos de la pureza.

A muchos nos tocó sufrir e intentamos cubrir la peor etapa de Tamaulipas, los años de la narcoviolencia que dejaron muertos, miedo y silencio, compañeros caídos, otros obligados a irse por amenazas contra ellos y sus familias, cicatrices que se quedaron marcadas en la memoria.

Nada es perfecto en el periodismo y nadie lo es, pero incomoda ver a quienes hoy predican moralinas desde una doble moral evidente, añoran privilegios perdidos, se alzan como apóstoles de la rectitud y ahora se presentan como jueces, como si la memoria colectiva fuera selectiva.

En lo personal asumo mis errores y sus consecuencias, y del periodismo me quedo con los buenos trabajos, con las historias bien hechas, con las personas que no traicionaron el oficio cuando más costaba y siguen fieles a su vocación.

Que el mundo siga su curso y cada quien cuente la historia como pueda o como quiera, ojalá ese ejercicio termine siempre acercándose a la verdad, aunque sea de forma imperfecta, porque la verdad absoluta tampoco es patrimonio de nadie.

Hoy ya estamos un día después de la efeméride y toca seguir, desde el observatorio, aunque se anuncie el fin del oficio o se glorifique la cacería de likes, el periodismo no muere por decreto ni por tendencia, se defiende ejerciéndolo. Por lo menos hay que porfiar en el intento,

POR PEDRO ALFONSO GARCÍA