Con el regreso a las actividades laborales tras el periodo vacacional de invierno, la Rosca de Reyes se consolidó como uno de los productos con mayor demanda en el inicio del año, impulsando las ventas tanto en panaderías tradicionales como en grandes tiendas de autoservicio.
En Ciudad Victoria, panaderías con décadas de tradición, como Villegas y Quilantán, destacaron por su elaboración artesanal, el uso de ingredientes de calidad y recetas transmitidas de generación en generación.
Sus roscas tradicionales, preparadas con mantequilla, fruta cristalizada y procesos manuales, se ofrecieron en presentaciones familiares con precios que oscilaron entre 400 y 650 pesos, dependiendo del tamaño y la decoración, de acuerdo con comerciantes locales.
Por su parte, las grandes cadenas de autoservicio mantuvieron una oferta amplia y competitiva, con precios más accesibles y variedad de tamaños, lo que atrajo a consumidores que optaron por compartir la tradicional rosca en centros de trabajo o reuniones familiares posteriores a las festividades.
Sam’s Club, con su marca Member’s Mark, comercializó roscas de aproximadamente dos kilogramos en precios que rondaron entre 409 y 418 pesos, tanto en su versión tradicional como en opciones gourmet, dirigidas a familias numerosas o convivios laborales.
La cadena Soriana ofreció roscas tradicionales y rellenas para entre 10 y 12 personas con precios cercanos a 415 pesos, además de versiones más sencillas desde 325 pesos, permitiendo competir con productos artesanales sin elevar significativamente el gasto familiar.
En tanto, Walmart reforzó su catálogo con diversas presentaciones: roscas medianas de 500 gramos desde 189 pesos, roscas tradicionales de un kilogramo entre 289 y 329 pesos, y versiones familiares o especiales —con relleno de nata o chocolate— que alcanzaron hasta 425 pesos, convirtiéndose en una opción recurrente para compras rápidas o de último momento.
El contraste entre establecimientos se reflejó no solo en el precio, sino también en la experiencia de compra: mientras las panaderías tradicionales apostaron por el sabor y la calidad artesanal, las grandes cadenas privilegiaron el volumen, la disponibilidad y la conveniencia.
De esta manera, la Rosca de Reyes 2026 no solo reafirmó una tradición familiar arraigada, sino que también dinamizó la actividad comercial en el arranque del año, beneficiando tanto a pequeños negocios como a grandes cadenas, en una etapa que marca el cierre simbólico de las fiestas decembrinas y el retorno a la rutina cotidiana.
Por Raúl López García






