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Segunda línea saldará una deuda histórica

La escasez de agua potable en Ciudad Victoria se explica en dos momentos clave, el primero fue una sequía extrema que colapsó el abasto y llevó a la capital al límite, una crisis que solo se resolvió con la construcción de la primera línea del acueducto desde la presa Vicente Guerrero.

Esa emergencia se cerró en 1992 con la conclusión del acueducto durante el gobierno de Américo Villarreal Guerra; hoy la ciudad enfrenta una segunda etapa crítica, marcada por la presión urbana y el desgaste del sistema, que se encamina a resolverse con la segunda línea en marcha bajo la administración de Américo Villarreal Anaya.

Este largo y sinuoso camino se remonta décadas atrás.

Durante la primera mitad del siglo pasado, Ciudad Victoria vivió siempre al límite del agua: sequías recurrentes, estiajes prolongados y un crecimiento urbano desordenado empujaron a la capital de Tamaulipas a una crisis estructural de abasto que ningún gobierno quiso enfrentar de fondo durante décadas.

Desde entonces, la capital que alguna vez presumió de beber el agua de mayor calidad del país, ha recorrido un largo camino para asegurar su abastecimiento hídrico.

Con más de 30 años de distancia, han sido necesarias dos obras de gran calado; la primera, el acueducto Guadalupe Victoria desde la presa Vicente Guerrero, concluido en 1992; la segunda está en marcha: una nueva línea que cambiará la vida cotidiana de miles de habitantes de la ciudad.

A finales de los años 80, la creciente demanda poblacional superó la capacidad de las fuentes tradicionales y durante años se analizaron alternativas para garantizar el suministro: llevar agua del río Guayalejo, aprovechar la presa Pedro José Méndez o conectar a Victoria con la presa Vicente Guerrero.

Esta última opción terminó imponiéndose no por ser la más sencilla sino por ser la única viable a largo plazo y así, el gobernador Américo Villarreal Guerra, experto en el tema hídrico, proyectó la primera línea del acueducto.

“Coincide esta crisis con la llegada a la gubernatura de un hombre que realmente le dio brillo a la hidráulica nacional, no solo a la hidráulica de Tamaulipas, llegó a la gubernatura el ingeniero Américo Villarreal Guerra, que como experto en el tema del agua y con una visión muy clara de la necesidad que se estaba presentando, proyectó la primer línea del acueducto”, recuerda Raúl Quiroga, Secretario de Recursos Hidráulicos para el Desarrollo Social de Tamaulipas.

El proyecto comenzó a tomar forma en 1987. Tras múltiples intentos fallidos se definió el punto de toma cerca del ejido Jacinto Canek en un terreno donado por el ingeniero Antonio Rodríguez Mejía a cambio de tomas de agua para su propiedad.

Una segunda concesión fue otorgada a Antonino Rocha para la instalación de la planta potabilizadora en el área donde hoy se localiza la Unión Ganadera.

La obra se financió con un esquema mixto: 70% de recursos federales y 30% estatales, el trazo final contempló 64 kilómetros de conducción, 34 de concreto reforzado y 30 de acero, además de dos estaciones de rebombeo.

La sequía extrema de 1989 y 1990 obligó a acelerar los trabajos, por lo que se cancelaron y reasignaron contratos en medio de la emergencia. El tiempo jugaba en contra y Victoria estaba al borde del colapso hídrico.

El constructor responsable era Serafín Gómez, originario de Reynosa; y el acueducto autorizado llegaba hasta la zona de El Cuerudo; el trazo atravesaba la Normal Superior, pasaba por la parte posterior de la UAT y continuaba hasta Casas Blancas. Se construyó un tanque de rebombeo bajo la Normal y la línea siguió por la vía férrea.

En la recta final ocurrió un episodio poco conocido: la entrega de transformadores eléctricos se retrasó y ante la cercanía de la inauguración se decidió traer transformadores de la presa El Cuchillo en Cerro Prieto de manera provisional, mismos que nunca regresaron y siguen operando en Victoria.

El acueducto fue concluido e inaugurado en 1992

Lo más destacado de la obra no fue solo la solución inmediata al desabasto, sino la previsión técnica de sus creadores.

Raúl Quiroga subraya la audacia de aquel gobierno: “Afortunadamente fue tan visionario este proyecto que incluso se quedó construida la obra civil porque se previó que en aproximadamente 20 años nuevamente tendríamos necesidad de construir la segunda línea del acueducto”.

Este legado permitió que la infraestructura básica estuviera lista para recibir los equipos de bombeo necesarios décadas después, un hecho sin precedentes que demuestra el nivel de planeación de la época.

El tiempo aceleró la crisis
Pero a pesar de la planificación original, la realidad superó las proyecciones. Ciudad Victoria creció más rápido de lo esperado, y antes de 2010, la capacidad de la primera línea se agotó. Fue en ese año cuando se intentó reactivar el proyecto de la segunda línea mediante un compromiso político que, lamentablemente, no se materializó.

Raúl Quiroga relata la frustración de ese periodo: “Le pedimos [al entonces presidente Peña Nieto] que se comprometiera ante notario público a que se construyera la segunda línea del acueducto… como muchos de los cuales también este no se cumplió”.

Pasaron tres sexenios federales —Calderón, Peña Nieto y López Obrador— sin que la obra civil construida en 1992 fuera modernizada. La crisis hídrica se agudizó, especialmente en las épocas de estiaje, donde el déficit de agua se volvió crítico para miles de habitantes.

Durante el sexenio de Eugenio Hernández Flores se gestionó el segundo acueducto, pero el gasto nunca fue autorizado.

Con Egidio Torre Cantú se construyó el Acuaférico, una obra pensada para operar después del segundo acueducto y no antes.

El resultado fue un sistema incompleto, una infraestructura adelantada sin la fuente que debía alimentarla de manera sostenida.

Egidio optó por perforar pozos en el Cañón del Novillo y en el ejido La Libertad, y ninguno funcionó, salvo uno que nunca se utilizó porque los ejidatarios exigían pagos individuales de 300 mil pesos, lo que hubiera disparado el precio por encima de los 24 millones de pesos.

Pero el impulso definitivo llegó con la actual administración de Américo Villarreal Anaya, quien heredó la pasión hidráulica de su padre.

Quiroga relata una anécdota personal que ilustra este compromiso: “en su mesa donde compartía los alimentos… el ingeniero [Villarreal Guerra] prevalecía su voz hablando de cosas hidráulicas, que era su pasión”.

Bajo esta premisa, Villarreal Anaya impulsó el proyecto, y transformó la estructura gubernamental para priorizar el agua, creando la primera Secretaría de Recursos Hidráulicos en el país.  Esta nueva dependencia, cuyo organigrama fue diseñado “con puño y letra” por el gobernador, cuenta con subsecretarías especializadas para las COMAPAS, el riego y la industria.

Finalmente la coordinación con el gobierno federal, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, permitió que el proyecto ejecutivo fuera validado y financiado.

Quiroga califica este proceso como un “esfuerzo titánico” que involucró cientos de horas de trabajo coordinado entre técnicos estatales, municipales y federales.

Una obra compleja
La complejidad de la obra que se ejecuta actualmente es vasta. No se trata simplemente de colocar tubos, sino de un sistema integral de alta ingeniería. Los componentes principales detallados por el Secretario incluyen una conducción de 54 kilómetros de tubería de 36 pulgadas, enterrados manteniendo una pendiente técnica precisa para asegurar un gasto continuo.

Para el bombeo, una obra de toma en la presa Vicente Guerrero equipada con ocho bombas, cada una con capacidad de 250 litros por segundo (L/s).

Para los requerimientos de electricidad: una subestación en la obra de toma con dos transformadores de 4 MB de capacidad.

Se contará además con una planta potabilizadora con seis módulos de 250 L/s cada uno.

Y para almacenar, un tanque de vidrio termofusionado con capacidad para 10,000 metros cúbicos (exactamente 10,145 m³), desde donde se inicia la distribución formal a la ciudad.

El objetivo es claro: “traemos un déficit que gracias a esta segunda línea del acueducto vamos a cubrir sobradamente”. Con esto, se espera que el 30% o 40% de la población que sufría cortes severos en estiaje recupere la seguridad de suministro.

El futuro hídrico de la capital parece ahora más despejado. Aunque la CONAGUA estima que la obra podría entrar en funcionamiento a principios o mediados de 2027, Quiroga es optimista respecto a los tiempos si existe suficiencia presupuestal federal, sugiriendo que el ritmo de las empresas podría permitir la conclusión a finales de 2026.

Este proyecto no solo brindará autonomía hídrica por aproximadamente tres décadas, sino que debe ir acompañado de una modernización de la red de distribución interna de la ciudad, especialmente en las zonas más antiguas donde la eficiencia es baja. El Secretario enfatiza que el reto futuro también reside en la sustentabilidad:

“Victoria como las ciudades importantes crece exponencialmente… el hecho de que si se cumple el ordenamiento que ordenó la presidenta y recuperar la sustentabilidad del acuífero Victoria Güémez.. ahí podríamos generar algún volumen disponible”.

La segunda línea del acueducto representa el cierre de un ciclo de planeación que inició en la mesa de un experto hace más de treinta años y que hoy, promete devolverle a Ciudad Victoria el “brillo” hídrico que alguna vez la caracterizó.