La batalla por Tamaulipas en 2027 ya comenzó. Todavía no hay campañas formales, pero sí señales de una ofensiva para golpear en redes sociales a quienes aspiran a representar a Morena. La disputa no se librará solamente en las plazas, los mítines o los debates: también se jugará en el espacio digital, con cuentas que aparentan ser de ciudadanos indignados y mensajes diseñados para repetirse hasta que una acusación parezca verdad.
El caso de Fernando Cerimedo permite advertir hasta dónde pueden llegar esas prácticas. El consultor argentino participó en la campaña presidencial de Javier Milei y tuvo vínculos con el bolsonarismo en Brasil.
Después de la elección brasileña de 2022, difundió señalamientos de fraude electoral sin pruebas suficientes. La justicia electoral de ese país desmintió las principales falsedades que circularon sobre las urnas y el cómputo de votos. Cuando se intenta desacreditar una elección mediante acusaciones infundadas, el daño rebasa a una candidatura: alcanza la confianza pública en el voto.
Cerimedo fue detenido en Bolivia en agosto de 2026 por presunta tentativa de feminicidio contra la analista política Nadia Beller. En torno a su detención también surgieron señalamientos sobre granjas de cuentas y operaciones digitales vinculadas con propiedades suyas.
Su socio en La Derecha Diario, el español Javier Negre, ha extendido ese proyecto mediático a distintos países. Ambos han presumido sus vínculos con sectores de la derecha latinoamericana. En México, la presidenta Claudia Sheinbaum los ha señalado desde sus conferencias matutinas por su actividad contra Morena y su gobierno. Negre reconoció públicamente que una invitación de Ricardo Salinas Pliego influyó en su decisión de venir al país.
El riesgo no es imaginario.
La narrativa contra Morena impulsada por Cerimedo, Negre y sus plataformas tiene alcance nacional.
La preocupación en Tamaulipas es que otros “Cerimedos” adopten esas mismas prácticas: cuentas coordinadas, discursos en medios y redes sustentados en mentiras y campañas de descrédito amplificadas artificialmente para manchar a los aspirantes de Morena antes de que el electorado conozca sus propuestas. No hace falta que los operadores originales estén aquí para que su método encuentre imitadores.
Hay señalamientos de que se han montado oficinas en Monterrey y Ciudad de México desde las cuales se estaría preparando una estrategia dirigida a Tamaulipas, con cantidades importantes de dinero para su operación. También se apunta a personajes afines a Acción Nacional y relacionados con el exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca. Son pistas que no deben descartarse, pero que todavía deben documentarse: quién contrata, quién cobra, qué cuentas participan y qué relación existe entre ellas.
La advertencia tiene un contexto local. Francisco García Cabeza de Vaca y el PAN conocen el valor de la confrontación mediática en Tamaulipas. Su proyecto político creció en medio de una dura disputa por el relato público. Hoy, fuera del gobierno, Cabeza de Vaca sigue siendo un actor de la oposición. Por eso resulta legítimo preguntar qué papel tendrán él, el PAN y sus aliados en la contienda digital de 2027. La respuesta debe salir de pruebas, no de la sola sospecha.
Tampoco hay que olvidar lo ocurrido desde 2016. Durante el ascenso de Cabeza de Vaca y a lo largo de su gobierno, comunicadoras y comunicadores fueron blanco de narrativas hostiles que, en algunos casos, persisten hasta la fecha. Esos antecedentes merecen ser revisados y documentados. También obligan a prestar atención a cualquier intento de extender los ataques contra los gobiernos de Morena y sus posibles candidaturas.
Sería un error, sin embargo, llamar «guerra sucia» a toda crítica contra Morena. Sus gobiernos y candidatos tienen cuentas que rendir. Investigar sus decisiones, señalar errores o revelar actos de corrupción es trabajo periodístico. Otra cosa es fabricar señalamientos, ocultar al patrocinador de una campaña y usar cuentas coordinadas para simular que miles de personas llegaron espontáneamente a la misma conclusión.
Ahí entran los medios y los periodistas. Si una acusación nacida en una operación digital llega a una redacción, la primera pregunta debería ser qué documentos la sostienen.
La segunda, quién la puso a circular. Publicarla sin responder ninguna de las dos permite que otros escriban la agenda informativa desde una oficina cuyo financiamiento nadie conoce. Y si esas oficinas ya están identificadas, corresponde investigarlas con el mismo rigor que se exige para investigar a cualquier gobierno.
Tamaulipas necesita saber qué viene antes de que la campaña negra alcance su punto más alto. Hay que exhibir contratos, pagos y redes de cuentas cuando existan pruebas; también hay que dar oportunidad de responder a los señalados.
Los “Cerimedos” de Tamaulipas solo podrán operar a sus anchas si consiguen lo esencial: que nadie pregunte quién les paga mientras todos repiten lo que publican.
Los “Cerimedos” ya están aquí: en un método que puede reproducirse en Tamaulipas y en el riesgo de que la mentira organizada marque la elección de 2027. La defensa del voto empieza por una pregunta que sus operadores no quieren responder: ¿quién paga para engañar a la ciudadanía?






