Al doctor Américo Villarreal los malos presagios siempre lo persiguen y nunca lo alcanzan, al menos en las intenciones de sus adversarios desde el ascenso de su carrera política con la 4T.
Desde su llegada al senado, los señalamientos se daban en torno a su poco prometedor futuro por su reciente afiliación a Morena y por la tarea imposible de restarles puntos a la fuerza con la que el cabecismo llegó al estado en 2016.
Aún con la proeza de ganar la elección a Ismael García Cabeza de Vaca, hermano del entonces gobernador, el fenómeno AMLO y la impugnación de esa elección le abrieron la puerta de Tamaulipas a Morena.
Su paso por el senado se dio apegado al protocolo institucional mientras Morena ganaba territorio en otras partes del estado. Y mientras las redes del poder establecidas por personajes como el senador Adán Augusto López le abrieron terreno como a la mayoría de los morenistas, pero entrampado. Minado.
Y esa es tal vez gran parte de los posibles señalamientos que enfrenta, de grupos políticos y de poder ajenos al que él pertenecía e involucrados en redes económicas y de poder cuestionables y ahora señaladas por las autoridades nacionales y en un acto injerencista evidente del gobierno estadounidense.
Las buenas y las malas prácticas entre los miembros de un partido político le dan esa diversidad que puede sumarle activos o conducirlos a la desgracia.
Pero al final, el origen e integridad de cada militante es diversa y no una generalidad, como sucede con Morena y también en la oposición.
Y esa tal vez es la principal ventaja del gobernador. Hasta su llegada al senado su perfil profesional se mantuvo en el servicio público y desde su consultorio especializado en cardiología.
De los señalamientos familiares, su padre, el ingeniero Américo Villarreal Guerra, fue gobernador de Tamaulipas y los únicos claroscuros de su gobierno se dieron a un escándalo nacional del que fue ajeno como la caída de los gremios, en el caso tamaulipeco el “Quinazo”.
Fuera de eso terminó su gestión sin contratiempos y hasta la fecha es recordado como uno de los pocos ex gobernadores del estado que no enfrentaron problemas con la justicia, o señalamientos de irregularidades en su gobierno.
En el senado tomó partido prematuramente con el grupo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo que ejercía el cargo de Jefa de Gobierno de la CDMX. Una decisión que le sumaría adversarios al interior del mismo partido, como el entonces senador Ricardo Monreal y Adán Augusto López, entonces ex titular de la Segob.
Y en ese mismo trayecto, el exgobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca inició los señalamientos en contra de morenistas por vínculos con los hermanos Carmona, a los que les entregó contratos en la parte inicial de su gobierno.
En su lista de señalados evidentemente involucraría al doctor Américo Villarreal justo cuando su imagen ganaba terreno en los sondeos de Morena.
Y sorpresivamente, para gran parte de los morenistas tamaulipecos que contendían por la gubernatura y aseguraban ser merecedoras y merecedores del puesto, terminó en las manos del doctor Américo Villarreal. Y una vez más los pronósticos de propios y ajenos eran poco prometedores.
Y la poca pericia en los pronósticos sobre el futuro de Villarreal Anaya aumentó los golpes en su contra, y señalamientos que hasta el momento no se pueden comprobar.
Su crecimiento en el ánimo electoral del estado provocó el rompimiento por parte de Cabeza de Vaca de una de las principales reglas del poder. Ya fuera de sus cabales con su enfrentamiento directo al Estado mexicano, ahora intervenía directa y protagónicamente en un proceso electoral.
Esa tuvo que ser la primera “red flag” para Américo, sobre el futuro que le deparaba desde el poder con la era de la desinformación y la transformación deliberada de calumnias a verdades.
Como la fabricación de evidencias en su cacería de morenistas, Cabeza de Vaca se hizo de cualquier elemento para deslegitimar a los morenistas y al proceso electoral, que después utilizaría para alimentar la agenda de la oposición, y ahora a las autoridades estadounidenses.
La batalla política en la entrega recepción del gobierno, el secuestro del Congreso y de las instituciones fiscalizadoras vaticinaban para Villarreal Anaya un gobierno sin poder alguno y vulnerable ante cualquier embestida.
Pero el primer mito en contra de Américo Villarreal Anaya se dio cuando las autoridades electorales evidenciaron el poco sustento de todos los expedientes entregados por los panistas.
Y la narrativa de fraude electoral y financiamiento ilícito en las campañas terminó como un montón de recortes de notas periodísticas con poco sustento, y de cuentas de redes sociales pagadas o de reciente apertura.
El agotamiento de la agenda legal propia emprendida por el cabecismo, el alineamiento de los morenistas con Américo Villarreal dejó como último recurso los señalamientos que actualmente intentan imponer al doctor, aún si fue una trama orquestada por otros grupos morenistas, por cierto, enemistados con él.
La llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y las constantes fricciones con la cúpula obradorista alimentaron nuevamente los señalamientos en contra del gobernador en el clímax de las acciones realizadas por Omar García Harfuch en el combate al tráfico de ‘huachicol fiscal’ que involucraba al senador Adán Augusto López.
Pero las constantes visitas y los actos presidenciales en los que ha participado el gobernador difuminaron esa narrativa.
Hasta que iniciaron los movimientos injerencistas por parte del gobierno estadounidense.
Nuevamente las especulaciones en torno a la relación de Américo con figuras como el gobernador con licencia de Sinaloa Rubén Rocha Moya y su activismo político previo con figuras involucradas con el tráfico de huachicol fiscal como el senador José Ramón Gómez Leal lo involucrarían, al menos por pertenecer al mismo partido.
Pero hasta el momento no se han presentado argumentos lo suficientemente sólidos para comprobar relación directa alguna en delitos que son ajenos por lejanía geográfica y por temporalidad.
Y en esta nueva embestida con la publicación del periódico LA Times de su señalamiento junto al gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, vuelven a carecer de sustento tal como lo demostró el gobernador recientemente al enseñar su visa en una rueda de prensa.
Y nuevamente se agotan los argumentos en su contra y los señalamientos, tal como sucedió en la impugnación de la elección, quedaron al final como una antología de información falsa.
El gobernador una vez más desmintió señalamientos falsos y las narrativas en su contra parecieran agotarse.
Aunque las embestidas políticas, más las provenientes desde Estados Unidos, deberían mantener en alerta a él y a su equipo de trabajo para enfrentar nuevos frentes con la intención de desestabilizar su gobierno.
En los tiempos actuales, de total incertidumbre, su apego a la vía institucional a la resolución de conflicto le permitieron apagar las crisis, pero las presiones probablemente aumentarán fuera de la esfera institucional.
Y ese tal vez será el principal reto en la parte final de su gobierno, principalmente con la cercanía de dos procesos electorales.
Por lo pronto, el gobernador da por cerrado un proceso de constantes enfrentamientos y exposición a la posverdad y fortalece su imagen.
Aunque las nuevas presiones provenientes del exterior sean de tintes golpistas.
No obstante, con todos los instrumentos del Estado a su disposición, conseguidos por la vía democrática, le garantizan por lo pronto estabilidad política interna.
Su futuro en otro plano ha escalado al de otras figuras de Morena, como la misma presidenta Claudia Sheinbaum. Y en el contexto internacional actual, eso es lo verdaderamente preocupante.
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