Por Antonio H. Mandujano
La gran mancha de deforestación sobre las faldas de la Sierra Madre Oriental que a simple vista se observa desde la carretera interejidal de Victoria es hoy el reflejo más evidente del avance de la extracción de materiales pétreos en una de las zonas naturales más emblemáticas de Tamaulipas.
Ahí, donde antes predominaba la cobertura vegetal, ahora destaca por ser un gigante rasurada de árboles que con maquinaria en operación, modifican el paisaje serrano desde incluso, hace varios años según.
“Eso tiene años”, escribió el perfil de Facebook: Mvz Veronica Zapata en la primera publicación de Expreso sobre este tema el día 7 de julio.
Mientras que Cristóbal Cruz, comentó que ese claro corresponde a “una pedrera, ¿no han visto que sale polvo?”.
Por el lado gubernamental, en un intercambio informal de datos, el secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (SEDUMA), Karl Heinz Becker Hernández, informó a Expreso que en ese punto opera un nuevo banco de materiales que cuenta con permisos federales de cambio de uso de suelo para la extracción de recursos naturales, lo que ha permitido el inicio de sus actividades.
Y la apertura de este nuevo frente de explotación ocurre en medio de un panorama de alta informalidad en el sector, donde las propias cifras oficiales revelan que la mayoría de los bancos de materiales han operado históricamente fuera de la regulación ambiental.
Un sector marcado por la irregularidad
En una búsqueda de datos oficiales y periodísticos, se expone que hasta julio de 2026 que en Tamaulipas existe apenas un banco de materiales registrado formalmente, mientras que la autoridad reconoce la presencia de numerosas operaciones irregulares distribuidas en distintos municipios.
Las cifras oficiales destacan que:
* 1 banco de materiales registrado formalmente en el estado durante 2026.
* 15 bancos inspeccionados durante los operativos de revisión realizados en 2025.
* 40 por ciento operaba de manera irregular, es decir, cuatro de cada diez establecimientos revisados.
* 10 bancos clausurados por incumplimientos ambientales y administrativos.
* 4 bancos regularizados tras los procedimientos de supervisión.
* 5 más permanecen en proceso de regularización.
Los números evidencian una brecha considerable entre las operaciones que cuentan con autorización y aquellas que funcionan al margen de los controles ambientales.
La Sierra Madre Oriental paga la factura ambiental
Más allá de los expedientes y permisos, el impacto ya es visible en el territorio.
La extracción de arena, grava, piedra y caliza implica la remoción de grandes extensiones de vegetación, la alteración permanente de laderas y la modificación del relieve natural de la Sierra Madre Oriental, un ecosistema estratégico para la captación de agua, la conservación de biodiversidad y la estabilidad de los suelos.
Entre los principales daños asociados a la explotación de bancos de materiales destacan:
* Degradación y erosión acelerada del suelo.
* Pérdida de vegetación nativa.
* Destrucción y fragmentación de hábitats para la fauna silvestre.
* Emisión de polvo y partículas contaminantes.
* Sedimentación y afectación de arroyos y cuerpos de agua.
* Posibles impactos sobre acuíferos y mantos subterráneos.
* Cambios permanentes en el paisaje serrano.
La situación se agrava cuando las operaciones carecen de planes efectivos de restauración ambiental una vez concluidas las actividades extractivas.
Más de 3 mil 800 tiraderos clandestinos
Agregado a todo lo anterior, la problemática también está vinculada al manejo de residuos de la construcción.
Y es que la SEDUMA informó que durante 2026 fueron detectados más de 3 mil 800 tiraderos clandestinos en Tamaulipas, muchos de ellos relacionados con escombros y desechos provenientes de actividades extractivas y de construcción.
Ante este escenario, la dependencia estatal impulsa esquemas para convertir bancos agotados en sitios controlados de recepción de residuos, además de fortalecer la vigilancia mediante monitoreo satelital para detectar nuevas extracciones irregulares.
El debate sigue abierto
Aunque las autoridades sostienen que el nuevo banco de materiales ubicado sobre la carretera interejidal de Victoria cuenta con los permisos correspondientes, la imagen de una creciente franja deforestada sobre las faldas de la Sierra Madre Oriental ha reavivado el debate sobre los límites ambientales de la actividad extractiva.
Mientras los procesos de regularización avanzan y las cifras oficiales continúan reflejando una alta informalidad en el sector, la transformación del paisaje serrano se convierte en una evidencia difícil de ignorar para quienes recorren diariamente esa ruta y observan cómo la montaña pierde terreno frente al avance de la explotación de materiales pétreos.






