Opinión

Semana caliente

El tema Rocha Moya, grave en sí mismo, parece apenas el primer movimiento de una embestida sostenida contra zonas sensibles de la estructura de gobierno mexicano. La acusación neoyorquina del 29 de abril, firmada por el fiscal Jay Clayton del Distrito Sur, alcanzó a diez nombres del oficialismo y golpeó al partido en sus flancos más expuestos.

Entre los acusados aparece un gobernador en funciones, un senador de la República, el alcalde de Culiacán y un vicefiscal del estado, todos de Morena, todos arropados durante años por la estructura partidista; ninguno llegó al cargo por accidente ni se postuló sin que alguien lo respaldara.

El lunes Washington presentó su Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026 y la intención está bien clara, lo que se anuncia es una ofensiva integral, la era de la contención ha terminado, dice el documento. Lo que viene es una intromisión más que un acuerdo entre vecinos.

Los cárteles quedan equiparados a organizaciones terroristas extranjeras, el fentanilo y sus precursores son tratados como armas de destrucción masiva, y la cooperación bilateral queda condicionada a resultados tangibles, capturas, extradiciones, desmantelamiento de laboratorios.

La decisión ya está en ejecución, y Tamaulipas, con casi 370 kilómetros de frontera y tres cárteles designados terroristas, CDG, CDN y CJNG, aparece como primer caso sobre la mesa, vigilancia financiera, sanciones OFAC, extradiciones, todas las palabras grandes, ninguna casual.

Apenas tres semanas antes, el 14 de abril, la OFAC sancionó al Casino Centenario en Nuevo Laredo y al Diamante en Tampico, ambos operados por Comercializadora y Arrendadora de México, CAMSA, descrita por el Tesoro como caja chica del Cártel del Noreste y vehículo para lavar ganancias del fentanilo.

En la misma lista cayó el abogado Juan Pablo Penilla Rodríguez, enlace con el Z-40 desde su reclusión, Eduardo Javier Islas Valdez, alias Crosty, señalado por tráfico de personas, y Jesús Reymundo Ramos Vázquez, presentado durante años como defensor de derechos humanos y operador de desinformación al servicio del CDN.

La respuesta interna fue inmediata, la Unidad de Inteligencia Financiera presentó denuncias ante la FGR, la Secretaría de Gobernación pidió la suspensión de los casinos, el Centenario fue clausurado y su página en redes desactivada, una velocidad que admite, entre líneas, que la información venía de afuera.

Un día antes del anuncio de Washington, frente al expediente Rocha Moya, el Congreso Nacional de Morena reaccionó con filtros para 2027, Ariadna Montiel asumió por unanimidad la presidencia del CEN y marcó la línea desde el primer minuto.

No se permitirán, dijo, candidaturas vinculadas a corrupción ni a redes delictivas, ni siquiera si ganan la encuesta interna, la cláusula es nueva, pero la realidad lleva años acumulándose y los nombres están a la mano de cualquiera con un poco de memoria y dos clics en los registros públicos.

En Tamaulipas son pocos los que libran esa revisión, buena parte de los aspirantes a alcaldías y curules arrastra señalamientos de origen, contratos sospechosos, vínculos territoriales que la ciudadanía conoce de sobra y que ningún ejercicio interno puede simular ignorar sin pagar el costo más tarde.

Peor aún es la circunstancia de quienes ya gobiernan y aspiran a repetir en algunos ayuntamientos, o saltar al congreso, si los filtros se aplican con rigor, tendrán que despedirse del proyecto, y el partido tendrá que explicar a quién dejó pasar antes, a quién protegió, a quién postuló sabiendo lo que sabía.

El tablero, además, no es nada simple, el documento de la Casa Blanca abre la puerta a acciones unilaterales si México no entrega lo que se le pide. La frontera norte ha dejado de ser solo geografía y se convierte en una línea de fricción diplomática que cualquier traspié local podría tensar.

Días difíciles para el gobierno de Sheinbaum y para Tamaulipas, los mismos rostros que aspiran a ser solución en 2027 son parte del problema que se pretende resolver, y la frontera ya no se mira con la misma distancia desde la capital, ni se administra con los márgenes de discrecionalidad de antes.