Opinión

Standuperos

Quién lo viera: un estado tan complejo como Tamaulipas, con un entramado del poder donde coexisten las estructuras institucionales con la fuerza y casi omnipresencia de los carteles, y con una clase política obsesionada con alcanzar el poder, a pesar de la alta polarización política y la amenaza de una purga anunciada desde Palacio Nacional y exigida por EEUU.

Los últimos días hemos visto a personajes que no temen transitar por las rutas del ridículo. Todo mundo tiene derecho a hacer de su vida un papalote. Pero estos son figuras de la política estatal que buscan exposición pública, que trabajan para continuar trepados en el poder o regresar al mundo donde creen que se les espera con ansiedad. Vale la pena contar algunas historias.

En los medios nacionales causó furor la figura del alcalde de Reynosa Carlos Peña, el Maquito, cuya voz nada le pide a Beto Quintanilla. Cantó un narcocorrido que narra la historia de un líder del narco fronterizo. Emocionado, el edil se identificó con el personaje homenajeado en la pieza, compuesta por un paisano suyo ya fallecido.

Después vinieron las críticas. Intentó justificar su arrebato pero terminó mentándole la madre a los políticos morenistas que lo cuestionaron. También aludió a los traidores, lo que desató especulaciones sobre su ruptura con José Ramón Gómez Leal, quien apenas unos días antes había recorrido el estado junto a Gerardo Fernández Noroña.

Noroña vive la etapa de decadencia de una figura polémica de la izquierda. Se asume consecuente con los principios de Morena y de López Obrador, aunque se mueve en autos de superlujo, se placea en aeropuertos y hoteles premium y se exhibe con figuras públicas que no se distinguen por su buena reputación. Tamaulipas fue su más reciente escala.

En su visita pronosticó que el próximo gobernador saldrá de una fórmula que integran Olga Sosa y José Ramón. Este último cercanísimo al grupo Tabasco que encabezan Adán Augusto y Andy López.

En esta pasarela de personajes que ya forman parte de la antología de la picaresca política tamaulipeca se agregan otras figuras que aparecen en redes sociales o en revistas socialités. Compiten con actitudes, gestos y atuendos que, aun cuando pretenden proyectar austeridad, se asemejan a las modas buchonas que inventaron las seguidoras del Chapo y demás personajes del cártel de Sinaloa.

Otro caso francamente patético lo encarna el neolaredense Ramón Garza Barrios, aunque hay que reconocerle que su temática del bailador de cumbias y música regional le genera una buena cantidad de interacciones en Facebook, Instagram y Tiktok. Tal vez pronto empiece a monetizar, aunque su sueño real de repetir como alcalde neolaredense probablemente quedará en el intento, porque el ridículo, en su estilo, difícilmente le redituara utilidad política.

Otros personajes simplemente se asoman en las redes sociales para declarar que por decreto propio son la solución para el futuro de Tamaulipas. Pontifican sobre sus convicciones “cuatroteistas” pero advierten que una decepción los haría tomar otro rumbo. Son una nueva versión de figuras caricaturescas como las que encarnan Humberto Prieto, Maki Ortiz o Mario López, la Borrega.

En el fondo todos se atienen a los pronósticos de encuestas prefabricadas que aparecen cada día sostenidas por logotipos que antes no se veían en el mercado de las ilusiones. Hay mediciones al gusto de todos, lo mismo para inflar el ánimo de los compradores que para proyectar el fracaso anticipado de sus adversarios.

Cuando el priismo sucumbió tras décadas de corrupción y excesos de poder, la apuesta era que México entraba en una etapa de transformación democrática. Pero como lo dijo alguna vez el mismo Andrés Manuel López Obrador: “Ánimo, que lo mejor es lo peor que se va a poner”.