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Dafne, corazón de campeona

POR HAROLD MEADE

La historia de Dafne Zapata Quintos no solo quedó marcada por la tragedia, en el gimnasio Mike’s permanece el recuerdo de una adolescente que encontró en el boxeo una pasión capaz de transformar su carácter y enseñarle el valor de la disciplina, el esfuerzo y la perseverancia.
Miguel Ángel Hernández González, entrenador del gimnasio, recordó que Dafne entrenó entre ocho y diez meses, tiempo en el que dejó huella por su constancia y deseo permanente de aprender.
Dijo que, pese a su corta edad, mostraba una actitud ejemplar dentro y fuera del ring.
“Era una alumna muy disciplinada y siempre llegaba con ganas de superarse. Nadie la obligó a practicar boxeo; fue ella quien insistió porque realmente quería aprender”, expresó.
Su preparación apenas comenzaba; con 13 años se formaba para competir en el boxeo amateur, desarrollando técnica, condición física y confianza, como cualquier joven que empieza a perseguir un sueño deportivo.
Tras su fallecimiento, el gimnasio decidió rendirle un homenaje permanente, sin buscar reconocimiento ni beneficio alguno, entrenadores y compañeros elaboraron un mural inspirado en una fotografía de Dafne, acompañado por la frase: “Su valentía vive en cada combate”, como una forma de mantener viva su memoria entre quienes compartieron con ella horas de entrenamiento.
“Lo único que queremos es que siga siendo parte de esta familia, no buscamos lucrar con su recuerdo; queremos que quienes entren aquí sepan que Dafne siempre tendrá un lugar en este gimnasio”, afirmó Hernández González.
El entrenador recordó que el impacto de su muerte fue profundo, compañeros y entrenadores acudieron a despedirla a la funeraria, todavía incrédulos ante la pérdida de una joven que, aseguró, siempre entrenaba con entusiasmo y una sonrisa.
“Fue un golpe muy duro para todos, aquí hizo amigos, aprendió y dejó un recuerdo muy bonito. La vamos a recordar con mucho cariño”, comentó.
Para su abuela, Juana Laura Martínez González, el boxeo representaba uno de los mayores sueños de Dafne.
Confesó que al principio no estaba de acuerdo porque consideraba que era un deporte demasiado rudo para una niña, pero la insistencia de su nieta terminó por convencer a la familia.
“A mí no me gustaba porque es un deporte fuerte, yo pensaba que con la gimnasia era suficiente, pero ella siempre buscaba nuevos retos, le apasionaba el boxeo y al final decidimos apoyarla”, relató con emoción.
Aunque su paso por el gimnasio fue breve, Dafne alcanzó a subir al ring y comenzó a construir el camino que soñaba recorrer dentro del boxeo amateur.
Hoy, ese sueño quedó detenido, pero su imagen permanece en una pared del gimnasio y, sobre todo, en la memoria de quienes la vieron entrenar convencidos de que, detrás de cada golpe, había una adolescente que nunca dejó de luchar por lo que amaba.