Pragmatismo total. Así decide Morena a sus candidatos a 17 gubernaturas, con una línea de continuidad que blinda a los grupos empoderados desde la llegada de la 4T, con definiciones que parecen no registrar la crisis de imagen que agravó la presión estadounidense, y con alianzas que cargan con personajes incómodos, desde el Verde hasta los clanes locales. Y detrás de todo, una insuficiencia de cuadros que obliga a echar mano de lo que hay.
La prolongación en el poder del grupo gobernante salta a la vista, en siete de los ocho estados que gobierna y donde definió primero, el elegido salió del equipo del gobernador en turno, de Marina del Pilar en Baja California a Layda Sansores en Campeche, de Indira Vizcaíno en Colima a Mara Lezama en Quintana Roo.
Hay un asomo de soberbia en postular a los herederos de gobiernos como el de Layda Sansores, a quien detesta y desaprueba la mayoría de los campechanos. Similar es Michoacán, donde el ungido es Carlos Torres Piña, secretario de Gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla y fiscal hasta hace unos días, que investigó el asesinato de Carlos Manzo y ahora enfrentará a su viuda, Grecia Quiroz.
Las encuestas son solo una salida que encubre decisiones cupulares, ninguna se ha hecho pública, Ariadna Montiel y Citlalli Hernández prometen darlas a conocer cuando concluya el reparto, cuando ya no haya nada que corregir, aunque sus socios del PT hagan berrinche y exijan revisar la metodología.
El reparto deja inconformes a aliados y propios, en Zacatecas el PT suspendió su participación en la coalición, en Colima el Verde irá por su cuenta, en Guerrero la morenista Abelina López asegura tener la encuesta real, y en Michoacán Raúl Morón presiona con la oferta del PT en la mano.
La excepción confirma la regla, Sinaloa fue el único caso con aval explícito de la Presidenta, porque ahí no había margen, con el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya acusado en Nueva York de vínculos con Los Chapitos, el partido buscó a Imelda Castro, aunque fue compañera de fórmula de Rocha en 2018.
En el resto, la crisis con Washington no tuvo mayores consecuencias, en Baja California la carta es Julieta Ramírez, ex secretaria particular de una gobernadora a quien Estados Unidos retiró la visa, y sobre quien circulan trascendidos de un supuesto expediente en el Departamento de Justicia, que ella niega y atribuye a la guerra sucia.
Fuera de toda lógica es Campeche, donde el defensor de la 4T es Pablo Gutiérrez Lazarus, un expanista cobijado por Layda Sansores y señalado por denuncias de peculado. No menos cuestionable es Zacatecas, con Verónica Díaz, exesposa de uno de los Monreal, en nombre de una regla antinepotismo que sirvió para sacar a Saúl, pero no para romper un control familiar que buscaría su tercer sexenio.
En Guerrero la misma regla dejó fuera al polémico Félix Salgado, pero no a su grupo, Beatriz Mojica, su compañera de fórmula en el Senado, se impuso a Esthela Damián, la aspirante más cercana a Claudia Sheinbaum. El apellido se quedó fuera de la boleta, pero el grupo no. En Sonora, Lorenia Valles, directora del DIF con Alfonso Durazo, fue presentada entre gritos de “va a perder”. La foto de la unidad salió movida.
Aunque se hable de encuestas y de principios, lo que se percibe es que el obradorismo, con sus redes y sus lealtades, pesa más de lo que el discurso se empeña en negar. Ninguno de los 17 designados es cuadro exclusivo de la Presidenta, la mayoría debe su lugar a mandatarios que llegaron en la ola de 2021 y hoy administran su propia sucesión.
El Verde sigue cobrando caro su apoyo en el Congreso, en Nayarit la coordinación quedó en manos de la senadora Jasmine Bugarín, del PVEM, y en San Luis Potosí Morena irá sin alianza, pero designó por consenso a Elí César Cervantes, de escaso peso electoral, frente a Ruth González, senadora del Verde y esposa del gobernador Ricardo “El Pollo” Gallardo, lo que parece más un apoyo tácito que una ruptura.
La contradicción es evidente en un movimiento que se define de izquierda y presume decisiones de principios, en su discurso los personajes no importan, y en los hechos son ellos, sus grupos y sus pactos los que deciden el destino de un estado.
Clara Luz Flores en Nuevo León, que va por la revancha tras perder en 2021, completa un cuadro de apuestas conocidas y herederos directos. En los territorios donde no gobierna, Morena tampoco se atreve a arriesgar, apuesta por Santiago Nieto en Querétaro, que ya perdió ahí el Senado, y por Nora Ruvalcaba, en su cuarto intento, en Aguascalientes, mientras en Chihuahua Cruz Pérez Cuéllar se impuso a Andrea Chávez, para que quede claro que Adán Augusto López no se salió con la suya.
Morena llega a 2027 con la marca que encabeza la mayoría de las encuestas y con la Presidenta como su principal activo, pero decide como si ese capital fuera eterno. Quizá porque enfrente tiene una oposición sin propuestas claras y con figuras desgastadas, que es, a fin de cuentas, su mejor seguro.






